Las peripecias del novato

Por Αγάπη y K-RO

 

Todo comienzo tiene su encanto.

Johann Wolfgang Goethe.

 

La idea de publicar una historia propia invade e incrementa tan pronto se profundiza en el fanfiction, siendo el nacimiento de todo autor más o menos similar:

 

‘¿Qué tan difícil puede ser? —se dictamina, abriendo Word o la libreta—. Todo mundo lo está haciendo’.

 

La idea bulle en la cabeza —casi se puede tocar con la punta de los dedos—, los diálogos susurran al oído y la acción ha sido perfectamente ensayada…, pero el cursor/pluma permanece inmóvil, frustrando al grado de hacer todo un ritual para atraer a la musa y de pronto —después de horas de angustia y divague, la conversación por el Messenger, el video del Tube, el nuevo hit musical, etc.—, la chispa explota, permitiendo que las páginas se atiborren de palabras hasta llegar al grandioso ‘Continuará’ y el inolvidable ‘Porfa dejen review’.

 

La historia por fin ha sido plasmada y la euforia es tal, que no se puede esperar para mostrarla al mundo, por lo que el insignificante detalle de “echarle un ojo” a lo escrito para corroborar —siquiera— que el corrector de Word no marque demasiadas palabras en rojo, que los nombres estén correctos o existan dedazos, queda eclipsado ni imaginado.

 

‘Mientras se entienda, se puede leer’.

 

Y el siguiente paso es la memorable publicación donde, a menos que se tenga tiempo explorando y manejando la web elegida —sobre todo si está en inglés—, se suele pasar horas intentando subir un texto que aparece amontonado, con un tropel de categorías —que no se marcaron—, sin signos de exclamación, con letra pequeña o muy grande, con espacios entre párrafos, frases a medias, pedazos de código HTML entre el texto y un sin fin de etcéteras, que provocan deseos asesinos para el creador de la mentada página.

 

‘Si todo fuera tan sencillo como publicar el resumen’.

 

Subir el texto se vuelve una lucha de poderes, donde se debate entre seguir instrucciones, que no se comprenden, agarrarle el truco y esperar a que la web elegida no se caiga en el momento trascendental. En el último de los casos, se pide ayuda a un tercero…. Y Voilà, la historia luce como un fanfic más. ¡No!, no uno más, porque éste es propio.

 

La emoción se desborda, al grado que las «Reglas de publicación» y «Políticas de uso» no toman relevancia, pasando desapercibidas, aún formando parte de la misma página donde se edita el texto.

 

¿Qué diablos es el disclaimer?, ¿el RPS?, ¿el script? Ni idea, pero seguramente nada tienen que ver con el fic’.

 

Ya con la historia en línea —con el pecho hinchado de orgullo y el éxtasis cuasi completo, casi porque la mitad de la recompensa la dan los comentarios— la espera comienza… Los minutos se convierten en horas —en casos extremos, días—, el número de lecturas asciende y ser agregado como favorito pasa de tres lectores, pero los review brillan por su ausencia.

 

La mente divaga en quizás, por qué, tal vez, probablemente; la ansiedad revolotea en el estomago, la depresión se adueña del pensamiento y es entonces —casi como el mítico ‘al final del túnel’— que el orgásmico ‘Te quedó bien, síguelo’, llega y nada se compara al hecho de saber que el texto-locura ha gustado.

 

La adicción empieza… La fama ciega, los review deslumbran y pronto, conseguir más se hace fundamental. Dejando que la inspiración corra, el siguiente y próximo capítulo surgen tan rápido que es pecado detenerse a revisar si los detalles concuerdan, si en un momento entre la 6ta y 8va actualización los personajes del fandom han sido opacados por los propios; o que en determinado instante, los personajes sólo comparten el nombre con los de la serie original.

 

Todo vale y nada importa en tanto los ‘escribes genial’, ‘excelente fic’, etc., sigan llegando. 

 

Y antes de acabar la primera, surgen dos, tres… cinco historias paralelas y de diferente fandom. Nada parece imposible, al fin y al cabo ‘La historia se escribe sola’.

 

Casualmente, en el instante de mayor auge y creencia de ‘¡Estoy haciéndolo genial, voy a escribir un libro!’, un gancho al ego sacude y de qué manera: Desde ‘Tienes errores ortográficos’, pasando por ‘La página prohíbe…’, hasta el desvalorado ‘La trama no tiene coherencia’, las criticas llegan en el momento menos esperado; y al ataque se debe devolver el golpe.

 

‘Si no te gusta no leas’, complementado y sazonado por el apoyo de los leales seguidores, provoca todo un alboroto que no lleva a ningún lado, sólo enfados, odios y disgustos por ambas partes.

 

Cuando la “tormenta” pasa —con los ánimos apaciguados y si no se ha renunciado—, la realidad cae como una cubetada de agua fría, por vez primera, se ven los detalles que siempre estuvieron ahí; vislumbrando dos caminos:

 

1.- Tomar el hobby de la escritura cómo es: Aprendiendo sus bases y ejerciéndolas; buscando mejorar y ocupar cierto estatus (dentro del escalafón del fandom).

 

2.- Seguir haciéndolo igual.

 

En mayor o menor grado, en ambas circunstancias siempre habrá críticas y detractores; en ambas el amor al arte es tal que se continua escribiendo y disfrutando. Y en ambas —sobre todo en la segunda— se llega a un momento donde el cómo se escribe ya no es suficiente ni satisfactorio.

 

Es entonces que todo lo experimentado cobra sentido y el novato deja de serlo.

 

Si hay fuera de carácter, tramas cliché, personajes propios opacando al protagonista, etc., —en las próximas historias— poco importa. El autor ha tomado las riendas de lo que escribe y la infinidad de probabilidades apenas comienza.  

 

Una caminata de mil millas empieza con un pequeño paso.

Lao-tse.