La musa decidió fugarse

Por Αγάπη


Escribir es 90% trabajo y 10% talento.

 

Después de la euforia de cruzar el invisible “límite” y decidirse a publicar una historia propia, que deriva —en la mayoría— a publicar capítulos casi por día, escribir más de tres fanfiction y un original al mismo tiempo, todo autor llega a un momento donde no puede avanzar en la escritura.


No importa que se haya pasado días imaginando, planeando y afinado detalles, tampoco que se tengan perfectamente claro los diálogos y acciones en la cabeza, al final —frente a la computadora—, el autor se entretiene en todo menos en escribir lo que había planeado o considerado escribir.

 

Desde videos en el You Tube, pasando por fanfiction (que en muchas circunstancias era mejor no imaginar), el melodrama de la política local e internacional, el nuevo traspié del artista/actriz de moda, hasta el embrujo de Twitter y Facebook; todo es mejor que abrir Word o el programa de texto favorito.


Y en dado caso que se llegue abrir el documento la “pobre” ventana se queda ahí —con el cursor parpadeante—, ocupando espacio en la barra de tareas, en tanto se sigue buscando lo que sea que se haya perdido.


Habitualmente, lo perdido suele ser la musa, que aparentemente lo rige todo. En un buen día —donde ella favorece— se logra escribir quince páginas o más, dando “cuerda”, incluso, para nuevos proyectos o finiquitar los viejos. Su pérdida o su reticencia a colaborar constituye historias —por años, literalmente— sin finalizar o abandonadas u olvidadas.


Esta falta de cooperación o pérdida suele estar abanderada por un ‘Mejor lo escribo mañana’ —resultando que ese mañana se convierte en la siguiente semana— y un ‘¡No es porque yo quiera!'


Claro está, que si se trata del ensayo o reporte para la escuela o trabajo —que se debía entregar ayer—, entonces se hace hasta lo imposible porque las ideas tomen coherencia y forma. No obstante, es probable que el resultado no sea del agrado total para el autor.


De acuerdo con el clamor popular el tan llamado “bloqueo de escritor” no tiene cura, puesto que se da en todo tipo de momentos y circunstancias, dejando al autor con la incapacidad de expresar lo que bulle en la cabeza. Sin embargo, hay quienes consideran que con una ayuda externa la fuga de la musa puede remediarse —la lista de escritores y artistas que se apoyaron en narcóticos para continuar su obra es larga, al final los usaron con o sin bloqueo.


Indudablemente, en el caso de los autores de fanfiction no existe la presión de fechas límite ni que a base de lo que se escribe se dé un pago monetario; con todo y esa libertad la frustración es abrumadora. Conformándose a esperar el retorno de la musa y aprovechar su estancia para terminar con lo iniciado.


Curiosamente, se pasa por alto un remedio infalible para evitar el bloqueo: constancia y disciplina.


Sí, escribir fanfiction es un hobby, pero como todo pasatiempo necesita ser practicado, ello conlleva organizar el tiempo y las actividades.


Si se escribe una hora diaria o dos horas cada domingo, aunque sea ideas sueltas y se trabaja sobre ellas, lógicamente la trama irá tomando forma, llegándose —casi sin notarlo— a escribir capítulos enteros.


Por otro lado, hay autores que prefieren escribir la historia al completo antes de publicarla, ventaja que deja lectores satisfechos y permite trabajar tranquilamente en otros proyectos.


En ambos casos el proceso es lento, pero funciona.


La diferencia en continuar o no un escrito radica en que el autor decida que la musa es parte —no fundamental— de su creación y ponga manos a la obra.

 

Las palabras constituyen la droga más potente que haya inventado la humanidad.

Rudyard Kipling