Sobre traducciones y otras hierbas  

 

Por MaryLover  

 

En toda biblioteca personal hay libros que se catalogan como “de colección”, esos de lomo grueso comprados en una librería y que costaron una respetable suma de dinero, pero no importó el costo porque es la edición que se quería, cuando se abren y barajan sus hojas, éstas son tan suaves y huelen delicioso, que el leer —una prosa exquisita y/o respetable— es todo un deleite. Los otros libros son los “piratas”, los que se han comprado en un puesto ambulante cuando no se tuvo dinero: el lomo es delgado, las hojas ásperas, el olor de las mismas otro, pero sobre todo el contenido puede ser distinto (no hay comas, hay palabras incompletas o mal escritas, no está el pie de página que se indicó, etcétera) y cuánto más diferente si se trata de una traducción.  

 

Wikipedia define a la traducción como una actividad que consiste en comprender el significado de un texto en un idioma (texto origen o "texto de salida") para producir un texto con significado equivalente en otra lengua (texto traducido o "texto meta”), es decir, ambos textos —aunque en diferentes idiomas— deben comunicar el mismo mensaje y considerar las reglas de la gramática, las convenciones estilísticas, la fraseología, el género textual, el contexto, etcétera.

 

En el ámbito profesional, el traductor recibe un documento en un idioma ajeno al suyo y lo traduce en un determinado periodo de tiempo, no importa si le gusta o no el texto, eso no está dentro de su contrato; al terminar, entrega el texto a la editorial, en donde éste pasará por varias lecturas y revisiones hasta llegar a la imprenta, y quedar listo para su venta. El nombre del traductor figurará en la contra-carátula, recibirá su paga y, dependiendo de qué tan bueno sea, quizás vuelva a trabajar para quien lo contrató.

 

En el universo del fanfiction, traducir implica para el traductor hacer las veces de editor, buscador, investigador, corrector, imprenta, club de fans (del cual también es miembro), oficina de correos y, en algún momento, hasta representante del autor; por supuesto, esto no significa que siempre se cubran todos los roles: existen one shots en los que con ser traductor es suficiente. Sin embargo y a diferencia de un traductor profesional, el traductor de fanfiction trabaja en el texto que le apasionó en un período de tiempo que él especifica, poco importa que sea un amateur con ganas de compartir, mucho menos que, en primera instancia, no tenga idea en qué se metió.

 

Cuando la súbita pasión por leer fanfiction llega, lo primero que se busca son escritos en castellano y, si bien hay lecturas muy bien hechas, la mayoría no suelen cubrir el estándar de un ávido lector; el castellano suele ser brutalmente pisoteado en su gramática y ortografía, y sólo porque la trama atrapa se termina la lectura. No obstante, se hace con un gran suspiro de resignación.

 

[…] ase mucho que el no biene a vernos […] (Simulación del fragmento de un fanfiction publicado.)

 

Es entonces que se amplían los horizontes a otros idiomas —principalmente al inglés—, encontrando buenas tramas, ortografía cuidada, personajes en canon, etcétera, es inevitable que el ávido lector piense “mi ortografía y gramática es bastante decente, ¿entonces, por qué no?”, se tiene el tiempo, las ganas, y, sobre todo, esa estúpida e ingenua creencia de poder hacer las cosas mejor que otros...

 

A diferencia de la creencia popular, de que todo lo que está en la Internet puede copiarse y publicarse sin mayor problema, detrás de cada fanfiction hay un autor que ha dedicado su esfuerzo, tiempo libre e inventiva a su historia, el que se quiera traducir su trabajo —en la mayoría de las veces— resulta muy halagador, mucho más si el aficionado traductor tiene la cortesía y respeto por pedir su permiso. Al obtenerlo, lo primero que la inexperiencia del traductor dice es “empieza a traducir en este momento y desde la primera palabra del primer párrafo, utiliza la traducción literal y trata de que absolutamente todas las palabras del inglés estén en castellano”, el ineludible resultado es oraciones recargadas, uso exagerado de pronombres, frases incoherentes, párrafos sin ilación y fluidez.

 

Curiosamente se traduce todos los días y se publica inter-diario o semanal, como consecuencia hay muchísimos lectores, muchísimos buenos comentarios, mucha gente que adora la traducción, sin embargo, ¿se respetó la obra como se prometió al autor? Quizás sí, pero es probable que si el autor lo hubiese escrito directamente en castellano, la comparación habría mostrado una gran diferencia.

 

¿El inexperto traductor se da cuenta de sus errores? En un inicio no, sólo cuando los lectores lo empiezan a hacer notar; entonces —gran parte de los aficionados traductores— se replantea qué está realmente haciendo, qué quiere y debe hacer.

 

Un autor de fanfiction no va a leer una traducción de su obra, no le queda más remedio que confiar en el traductor. La palabra ‘responsabilidad’ debería ser la primera en cruzar y mantenerse en la mente de quien traduce, asimismo, traducir como si el autor lo hubiese escrito en castellano, así de fácil, es decir, realizar pruebas previas de traducción antes de iniciar el proyecto, contactar personas que conozcan ambos idiomas y hasta apoyarse en un beta reader, quien se encargará de revisar la traducción final antes de publicarla. Entre la bendición y maldición de la perfección, una secuencia de traducción es magnífica como base:

 

Traducir un párrafo.

Leer y ver si el traductor lo entiende, corregir.

Releer y ver si Latinoamérica lo entiende, corregir.

Ver si España también lo entiende…

 

Mientras se traduce no se debería dejar de pensar en la vasta variedad de personas que van a leer; muchas veces detenerse en pleno tipeo y analizar que “así es como se dice en mi país, pero probablemente nadie más que mis compatriotas entenderán”, provoca revisar el diccionario de sinónimos y frases online, cambiar palabras y frases a unas más ‘neutrales’, principalmente al traducir la jerga del inglés al castellano. Pero “¿hasta qué punto se puede buscar una palabra o frase neutral sin que se pierda la esencia de lo que quiere decir el autor?, ¿utilizar X frase en Y escena de humor hará que los lectores sólo sonrían o soltarán la misma carcajada que cuando se leyó el original? ¿Hasta qué punto se puede ‘suavizar’ una traducción y hasta qué punto no?, ¿cómo hubiese escrito esa parte el autor?”

 

[] En mi tierra, un qilin es una bestia mítica, un poco parecida a un unicornio []” (Full Circle en castellano, capítulo treinta y tres.)

 

Muchos autores realizan su propio trabajo de investigación y los resultados los plasman dentro del mundo en el que insertan a los personajes de un fandom, haciéndolos interactuar con dioses, demonios, seres extraordinarios, poderes sobrenaturales y demás. Los traductores tienen que realizar su propia investigación, siendo la primera fuente el propio autor y lo demás debe ser de su propia cosecha, es a partir de allí que se puede empezar a dejar ‘notas de traductor’ con explicaciones, definiciones y comentarios, para hacer entender al lector un poco de la riquísima cultura y ubicarlo en el contexto creado por el autor.

 

Otro punto a manejar es el uso de homónimos en el inglés, cuando el autor utiliza una palabra y quiere usar uno de los dos significados para que la escena parezca más sugestiva —al entenderse que el personaje está hablando en doble sentido—, la imaginación del traductor y arreglar la escena para dejarla lo más parecido posible al sentido del original, con una “nota de traductor” al final del capítulo da al lector la suficiente información para crear un contexto del texto original.

 

Existen tantas maneras de traducir como personas del habla castellana hay. Pero reina un código de honor intrínseco que ningún amateur y profesional debe evadir: existen frases, fragmentos de conversaciones, de canciones, palabras, jerga, apodos, inicios de párrafos que se repiten, —ya sea en todos los capítulos o al inicio y al final del mismo— y el traductor debe de captarlos y siempre colocar los mismos sin utilizar sinónimos, ya que puede confundir al lector, desviando su atención cuando el autor justamente quería que se siguiera ese patrón. Pero aún más importante, una escena plasmada en un capítulo previo, mencionada como recuerdo en el capítulo presente, debe de ser exactamente transcrita como se tradujo anteriormente.

 

Por lo que el traductor de fanfiction debe de tener buena memoria, debe de captar estas peculiaridades y, en caso de atreverse a traducir un fanfiction ya terminado, debe de haber leído (no como lector, sino como la persona que va a trabajar con el escrito) la obra completa a conciencia y haberse hecho un mapa mental de lo que a su criterio serían las partes de la historia, así como el estilo que utiliza el autor, captar los modismos y personalidades de cada personaje, tratando de traducir de antemano en su mente y tomar decisiones sobre las palabras o frases que mejor representarán la voz y personalidad de cada uno. Así como de haber leído el capítulo completo antes de abrir su procesador de textos y teclear la primera letra, debe de haberse hecho las mismas preguntas que se van a hacer los futuros lectores.

 

Porque los lectores no son tontos, como fanáticos, pueden atar cabos y entender al autor aun más rápido y mejor que el traductor, pueden conocer a los personajes incluso mejor que el autor y el traductor, y adivinar sus futuras acciones; por más que el lector esté a merced del mundo que el autor le presenta ya tiene una imagen mental preconcebida del fandom a leer. Ante personas tan exigentes, lo menos que debe de hacer el traductor es pensar también en ellos al momento de traducir, al fin y al cabo el traductor también es un fanático.

 

Luego de terminar la traducción, revisar mil veces, enviar al beta reader, realizar cambios, volver a revisar —es sólo una pequeña parte de lo que un traductor consciente de su trabajo debe hacer— y, si se está satisfecho con el documento, publicar —lo cual tiene todo un proceso de adaptación del procesador de textos al procesador del site, en el que nuevamente se tiene que editar y presionar enter—; se pasa a la siguiente fase, el contacto con los lectores y el momento de encrucijada para un traductor de fanfiction.

 

[…] Mary me encanta tu fic […] (Transcrito literalmente de uno de los comentarios recibidos en una traducción.)

 

Los autores de fanfiction reciben comentarios de sus lectores, ¿cómo lidia un traductor con los comentarios que llegan a su cuenta por un fanfiction que no es suyo?, ¿qué hace con las preguntas que le formulan? ¿Qué hace cuando el lector lo confunde con el autor?

 

Por cortesía y respeto al autor, el traductor no debería apropiarse de lo que no es suyo, si bien el trabajo de traducir conlleva que quien lo realiza tenga derechos y obligaciones para con el texto, los comentarios referentes a la historia deberían ser pasados al autor, sí, traducirlos al idioma original del fanfiction y si el autor los contesta, traducirlos al castellano y publicarlos en el siguiente capítulo o sección de comentarios. Igualmente, dejar claro a un lector despistado que no se trata de una historia original, sino de una traducción, allanando el camino para que el autor conozca a sus fans y viceversa, a pesar de que en muchos casos ninguno hable la misma lengua. Por supuesto, el traductor puede “saltar la valla con el lector” y responder a los comentarios, pero desde una perspectiva de fanático a fanático y sólo aclarando cuando se mencionan las notas de traductor.

 

Un buena traducción se ve reflejada en los comentarios recibidos, principalmente por las reacciones que se tienen al leer el capítulo y sobre lo que se entendió del mismo, lo que confirma que la traducción está cumpliendo el cometido de hacer que los lectores sientan lo mismo que si hubieran leído el original.

 

[…] Anda y has lo que quieras – igual vas a fallar […] (Transcripción de Full Circle en castellano, capítulo 18.)

 

¿Traducir es fácil? ¿Se puede hacer mejor que los demás? ¿Revisar mil veces un capítulo de más de doce mil palabras garantiza un buen trabajo? La prueba es contundente y hay muchas más por ahí. Exponer un trabajo al lector con los mismos errores que se criticó antes de embarcarse en la aventura de traducir —en un determinado momento— hace que quien realiza este loable trabajo se sienta uno más del montón, no obstante, alienta a seguir, a crecer buscando la mejor estrategia para salvar el obstáculo y ampliar la gama de posibilidades, para que el lector clasifique lo que lee como un libro de lomo grueso o delgado. Al fin y al cabo, la ambición de todo traductor amateur es que se considere su trabajo como el de uno grueso, pues es así como él clasificó al original.