En cuestión de gustos se rompen géneros

 

Por Sara Lain

 

En el universo del fanfiction una tercera parte (aproximadamente, quizás más) lo abarcan historias con contenido romántico entre varones (slash/yaoi). Se considera slash a todas aquellas historias de amor entre personajes que no pertenecen al manga o al anime y van desde un romance, sin ser propiamente erótico, hasta las novelas o cuentos que incluyen relaciones carnales explícitas. Para manga y anime el término yaoi se utiliza cuando existen escenas o situaciones sexuales, el shounen-ai describe ficciones románticas sin llegar al sexo.

 

En esta tendencia existen dos grupos de fanfic, los primeros se crean con personajes que en el canon son heterosexuales, pero la imaginación de las escritoras los une en una pareja romántica, por ejemplo: los fanfic slash derivados de Harry Potter, El Señor de los Anillos, Star Trek, los fanfic yaoi de Dragon Ball, Naruto, Fullmetal Alchemist, etc. El segundo caso son aquellos escritos diseñados y contados con personajes homosexuales, es decir basados en historias originalmente yaoi/slash como: Queer as folk, Junjou Romantica, Gravitation, etcétera.

 

La lectura de este tipo de textos es alta y, curiosamente, está hecho por y para mujeres, aunque hay un par de escritores y lectores heterosexuales que suelen indagar en el género.    

 

“¿Por qué gusta esto?”, es una pregunta que a la mayoría de adeptas le ha tocado escuchar. El que la formula, muchas veces, lo hace con una mezcla de sorpresa y desagrado en el rostro, ya que para él o ella es antinatural que a una persona heterosexual le agrade este tema.

 

Los motivos por los que gustan estos relatos, en gran medida, son vagos incluso para la mayoría de las seguidoras. Es difícil explicar que simplemente se disfruta su lectura sin que la lectora padezca algún tipo de desviación sexual o “esté en el armario”. Se pueden identificar teorías para resolver la cuestión, válidas si no se generalizan y que dan un panorama de lo complejo que es esta afición:

 

El deseo de lo prohibido. Al ser una relación entre hombres es tabú para la lectora, ya que no se considera lesbiana —planteamiento por demás contradictorio: ¿para qué querría una mujer a la que le gustan las chicas ver a dos hombres liándose?—, pero sí gusta de ver un romance homosexual entre varones. Lo prohibido equivale a peligroso y emocionante, el placer de hallar recreación en algo que no es bien visto por otras personas.

 

El aspecto visual y el contenido erótico. Hay chicos guapos por donde se mire. No sólo es agradable el seme (papel activo, netamente masculino), sino que el uke (pasivo, que recibe), a pesar de ser delicado y frágil, también es encantador. Siendo un gran atractivo visual, las lectoras eligen a su favorito entre un amplio repertorio de galanes seductores. Pero no sólo se ven bien, también interactúan sexualmente, lo que conlleva a escenas y situaciones donde son dos —mínimo— los que se aprecian en el acto, a diferencia de la socorrida técnica del hentai o porno donde la única que acapara el plano visual es la chica, nunca su pareja.

 

El romanticismo que manifiestan los personajes. Es poco común en una historia heterosexual leer a un hombre fuerte de carácter que sucumbe a las exigencias de su pareja y sea incluso considerado y tierno. En el género homosexual la parte dominante puede ser fría e indiferente, sin embargo se siente atraída por el pasivo, lo que provoca que busque a este último e incluso se haga dependiente de él; el objeto de su afecto puede o no ser cariñoso, pero el fomentar este tipo de trato es todo un triunfo (como lo sería para muchas mujeres que identifican al dominante con un conocido o pareja).

 

Experiencias fuertes y de tensión que difícilmente se aceptarían en un romance hombre-mujer. Cuando en una historia heterosexual el hombre maltrata a una mujer —ya sea física o emocionalmente—, es una causa de rechazo y desagrado para las lectoras, porque resulta indignante sentir simpatía por un personaje así. Sin embargo, cuando ese trato se lo infringen a otro hombre la situación cambia radicalmente; la consumidora de slash/yaoi tiende a identificarse con el uke, pero no deja de lado que es un varón, por lo que si el seme tiene una actitud agresiva no se indignará ni ofenderá porque no hay empatía ni reflexión directa.

 

El slash/yaoi como parte de la liberación sexual femenina. Es un modo más elaborado y profundo de explicar el gusto por las relaciones homosexuales entre hombres, que se da principalmente en mujeres que ya pasaron la adolescencia. Los primeros fanfic de este género aparecieron en 1970, en los comienzos de la libertad sexual femenina, como una voz de rechazo a los papeles rígidos impuestos por la sociedad —la mujer debía ser dulce, sumisa, obediente y, además, considerar al hombre el centro de su universo—, entonces, el género libera a la mujer de este papel al omitirla, propiciando la libertad de creación de historias eróticas a su manera.

 

De acuerdo a todo lo anterior, el yaoi o slash conjuga el aspecto sentimental propio del pensamiento femenino —romanticismo, emotividad— con fantasías y expectativas sexuales “prohibidas e impensables, es una manera de expresión donde se lee lo que se quiere leer sin los clichés impuestos por lo que es “normal” (donde las féminas son simples objetos de placer para su pareja o estereotipos de lo que una mujer actual difícilmente es y quiere ser: hermosa sin fallas, pasiva, dependiente, sin pensamiento propio).

 

Si bien, también en la literatura heterosexual se puede profundizar y experimentar, en su mayoría los escritos de esta índole siguen un patrón: mujer conoce a varón, después de una dosis de sufrimiento e imprevistos su final suele ser boda y un “vivieron felices por siempre”, en el género yaoi/slash se otorga a la mujer el total manejo de sus gustos, preferencias, fantasías, etcétera; al prescindir de una contraparte femenina hace suyas historias que transgreden patrones y deja de lado lo que se espera que ella sea, lea o escriba para adoptar lo que en realidad quiere.

 

Aceptar que una persona se enamora de otra y que ese amor puede sobrepasar las barreras de “hombre” o “mujer” libera el espíritu, pues se considera a hombres y mujeres como iguales, con capacidad de decidir por su cuenta y forjar su propio y único destino.